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El
principio básico, sin embargo, es el atractivo de los
productos de temporada. Uno ve a las amas de casa de los
barrios residenciales reunidas alrededor de los granjeros
suburbanos que traen sus verduras a la ciudad. Aunque los
precios son más altos que en los supermercados, el regateo
es muy raro, ya que todos entienden el valor de las verduras
recién recolectadas. Ahora que se traen más alimentos por
vía aérea a Japón, algunos productos empiezan a
encontrarse fuera de temporada, como las fresas y los
tomates en invierno, pero la costumbre dictamina que en
kaiseki sólo pueden utilizarse productos de la región. Y
hasta los pronósticos del tiempo hablan de las cosechas,
como para preparar a los espectadores sobre lo que está por
llegar al mercado. Esta conciencia de los cambios de las
estaciones significa que los clientes de kaiseki no esperan
nunca que se les sirva un pescado fuera de temporada, ni
tampoco frutas o verduras de algún otro lugar. Los menús
con frecuencia están escritos a mano, ya que la comida del
día se decide unas horas antes en función de las compras.
El cliente no “ordena”, más bien deja el menú en manos
del restaurante. Su poder de decisión se limita al número
de tiempos que desea o que puede pagar. El rango va de siete
a doce tiempos, a menudo con nombres como “el tiempo del
cerezo en flor”, “nieve”, “ciruelo”, “maple” u
“hoja”. Con los años, los caracteres chinos de la
palabra kaiseki fueron cambiando y ahora significan “comer
juntos”.
En consecuencia, esta comida suntuosa ya no tiene
nada que ver con los ligeros platos que se sirven en una
casa de té rústica. Pero la atmósfera se preserva hasta
en los restaurantes formales, donde uno normalmente se
sienta sobre un tatami en el piso para que le sirvan en
mesas bajas, a veces individuales, colocadas frente a cada
comensal. El orden de los platos está preestablecido,
comenzando por entremeses de sabores delicados, todos
arreglados con mucho cuidado de acuerdo a la estación y a
la decoración del cuarto. |
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Un brindis de sake o cerveza por
lo general antecede la tradicional invocación de Itadakimasu
(“yo recibo...” o “yo recibo la vida”, refiriéndose
refiriéndose a la de los animales o las plantas que se van a ingerir),
con la que se agradecen los esfuerzos implicados en el
cultivo y la preparación de la comida. Después del brindis
y la invocación se sacan los palillos de su envoltura y
comienza el banquete. El pescado crudo puede aparecer con
los entremeses o servirse como segundo tiempo. Después
vienen un plato cocido, uno frito —a menudo tempura — y
uno ligero de caldo, que por lo general consiste en verduras
al vapor. Siguen las verduras hervidas y, luego, otro plato
de verduras, pero servido frío en un tazón cubierto. Al
siguiente tiempo se le conoce como “fortalecedor” y
puede consistir en pato o pollo. Hacia el final de la comida
se sirve una sopa clara y el arroz se come al final, con
encurtidos, que también son verduras u hojas de temporada.
En el kaiseki el arroz nunca se sirve con otros platos, y
mantiene su lugar como el cierre apropiado de una comida.
Una rebanada de fruta, seguida de uno de esos notablemente
caros melones musk que les encantan a los japoneses,
marca el final del servicio.
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